31 ene. 2017

New Generations #013. Balas (parte 2).

Y nada más pronunciar ese nombre, inventado en el momento, el pulso de David no tembló ni un momento a la hora de hacer el primer disparo. Aquel proyectil de energía atravesó el campo a una velocidad apenas perceptible para el ojo humano. Desde el punto de vista de la bala la cabeza del mandarín aumentaba de tamaño de forma exponencial sin mostrar el más leve atisbo de movimiento por parte del monje dorado. Pero la bala no llegó a su destino. En el último momento, con una agilidad endemoniada, el Mandarín giró el cuello unos 45 grados consiguiendo esquivar aquella amenaza a la integridad de su cráneo, provocando que destrozase una roca detrás de sí. Puede que el poder de David fuera casi mortal y potencialmente tuviera una utilidad importante, pero el tamaño de sus balas no sobrepasaba el ancho de su dedo índice, lo cual no hacía más que obligarle a mejorar su puntería a medida que lo usaba.

-¿Eso es lo más que puedes hacer, joven? -le inquirió el villano-. Poco tiempo vas a durar en este plan.

Y acto seguido, este se propulsó con su pierna hacia adelante en lo que sólo se puede describir como una carrera arrolladora que le colocó en poco menos de un segundo al lado de su contrincante.
Le puso la mano izquierda contra la cara y lo estampó contra el suelo.
Por un momento todo el lugar quedó en silencio mientras el polvo que se había levantado por la velocidad del Mandarín se posaba lentamente, casi haciéndote ver la belleza hasta en la gravedad.
¿Eso era todo? ¿Tan mal preparados estaban ante la amenaza de los Diez Verethragna? La esperanza parecía disiparse del espíritu del alumnado. Desde la visión de aura de Zack, todas las almas estaban variando su intensidad, clara lectura del nerviosismo que aquel primer “round” había provocado en los espectadores. Pero rápidamente, el aliento contenido hasta por los profesores se sintió libre al ver cómo se levantaba del suelo el pelirrojo. Es cierto que no se puso en pie con la mayor de las gracilidades, pero estaba en pie. De su flequillo comenzó a caer una pequeña gota de sangre que formó un camino que partía su frente en dos.

-Vale -escupió sangre el chico-, ahí me has pillado por sorpresa. Me confié demasiado.

-Tu ego será tu perdición, Dark Bullet -respondió su contrincante.

Volvió a abalanzarse sobre él. Sin embargo, esta vez, el habitante de la Cocina del Infierno esquivó el ataque de una manera casi artística, colocando una de sus manos sobre el hombro de su atacante e impulsándose por encima de su cabeza ejecutando una maniobra perfecta que, mediante una voltereta le colocó sobre una rodilla detrás de su objetivo. Sin mermar su velocidad usó la propia rodilla a modo de eje para girar sobre sí mismo a la par que apuntaba con su dedo hacía la espalda del chino. Y esta vez dio en el clavo.
El Mandarín se vio impulsado por el concentrado proyectil de forma tan violenta que casi se sale de la zona de batalla. La explosión dejó la parte trasera de su túnica, dejando al aire una segunda capa de ropa que había recibido algún rasguño pero que aun así parecía resistente.

-Creo que te he subestimado un poco, chico, eso lo he sentido bastante fuerte. Sin embargo, sigo diciendo que puedo derrotarte sin mis amados anillos.

Y como reflejando la seriedad en la que había tornado la pelea, el Mandarín se deshizo de su túnica. A medida que caía al suelo, sus tonos dorados se difuminaron dando paso a un tono verde que tenía pinta de ser el color original de la misma. De igual manera, el traje de aspecto ninja que llevaba debajo pasó de ser negro como el carbón a dorado. Estaba claro que el hábito no hacía al monje.
En un instante, ambos se enzarzaron en una pelea cuerpo a cuerpo en la que ambos se dedicaban a esquivar los golpes del otro como mejor podían. Pero se veía claramente que de los dos, era David el que más estaba recibiendo. Puede que el joven tuviera un don para moverse como el viento, pero el Mandarín era claramente superior en cuanto a técnica y experiencia, lo cual, pese al duro entrenamiento con Daredevil, era difícil por no decir imposible, de superar. Por no hablar que lo que tenían de rápidos sus movimientos, lo perdía un poco de contundentes. Mucha fuerza en los brazos no tenía.
Por la mente del pelirrojo pasó un pensamiento claro: en las distancias cortas tenía las de perder. Así que con un par de volteretas puso tierra de por medio con su contrincante. Era asombroso ver cómo giraba hacia atrás, parecía que en lugar de vértebras tenía plastilina o simplemente carecía de ellas. Una vez cogió distancia, se puso a disparar. Pero al contrario de lo que suponía el otro, no le disparó directamente, sino que disparó hacia el suelo de forma repetida, pero en distintos puntos del mismo. De esta manera, y cogiendo la idea del movimiento inicial de su contrincante. Solo que con tanta explosión, en vez de levantar un poquito de polvo, se levantaron fuertes humaredas que taparon el terreno casi en su totalidad.

Pero esto no era un problema para David, que había entrenado su vista para situaciones así, utilizando esta técnica en el pasado. Desde el exterior de la batalla se podía observar a una nube amarronada y al delgado personaje saltando alrededor de la misma disparando a su interior, tanto al centro donde él discernía la presencia del asiático como al suelo para seguir levantando más polvo. Pero esta situación duró bastante poco, ya que por la parte superior, de un salto salió el Mandarín, cayendo de rodillas a un par de metros de la periferia de la misma. Se le veía algo magullado y muy pero que muy cabreado.

-Que maniobra más vil, muchacho -dijo mientras entrecerraba un ojo-. Has aprendido a pelear en la calle. Lo respeto, pero corresponderé a tu estilo. Reza a quien quiera que sea tu dios.

Las vestimentas del Mandarín, que habían sido dañadas en ese último ataque a traición, se regeneraron, cerrando todos los rotos. La envidia de cualquier sastre. O héroe sin simbionte alienígena.
Se quedaron mirándose el uno al otro. En el ambiente se mascaba la sensación de que aquellos golpes y movimientos serían los últimos, y que uno de los dos no saldría en pie de allí. Y era probable que ocurriera.
El Mandarín se acercó de un acelerón una vez más al chico y le asestó una serie de golpes rápidos y certeros que el agotado David no pudo esquivar aunque sí encajarlos más o menos para minimizar los daños. Las piernas, el estómago, las costillas, la mandíbula… Se veía que el maestro de las artes marciales no asestaba ningún golpe mortal, centrándose en el “modo aturdir” de su repertorio de técnicas. Y David… bueno, a David apenas le quedaban fuerzas ni energías para disparar, pero alguna bala de menor “calibre”. La mayoría de ellas no acertaban en el objetivo, pero una de ellas, le dio en plena cara al asiático, echándole para atrás, aunque de forma más débil que en los momentos previos. Estos últimos atisbos de resistencia mostrados por el estudiante de negro hirvieron la sangre del otro, que cansado de la situación atacó una vez más. Esta vez, apuntando a su brazo derecho.
Aquel “crac” resonó incluso a cielo abierto, seguido por un grito desgarrador mezclado con un “gallo” propio de la edad. El pelirrojo se postraba ante el adulto, que lucía una expresión satisfecha en el rostro.

-Esto es lo que pasa al poner a jugar a unos críos a un juego de adultos. Que acaban rotos como sus juguetes.

Y le dio la espalda mientras se alejaba, dando por terminada la lucha. Desde la zona de visionado, nuestros protagonistas estaban con la boca abierta. Era un brazo roto, pero para ellos simbolizaba mucho más: reflejaba lo real que se había vuelto la situación; les mostró que su cuerpo tenía límites, no como un personaje de videojuego; y sobretodo les mostró que aún eran unos niños, que aquel hombre no iba a ser amable con ellos y el mundo era cruel. No tendrían oportunidad.

-¡EH, TÚ, PEDAZO DE MIERDA!

El Mandarín se paró en seco, aún de espaldas a él. No respetaba al que no sabía rendirse. Si se hubiera girado, o simplemente mirado de reojo al pelirrojo, hubiera visto lo que preparaba para él.
Había conseguido incorporarse a duras penas, pero aquel brazo roto había provocado que un torrente de adrenalina corriera por sus venas. Algo que nadie sabía era que David tenía la habilidad de acumular la energía en la punta de su índice sin soltarla, aumentando el tamaño de sus “Dark Bullets” para aumentar su potencia. Pero no solía usar esa parte de sus poderes, ya que el retroceso es proporcional al calibre. Sin embargo, era una situación desesperada.
En la punta de sus dos falanges ya encontrábamos una esfera de energía negra como la noche sin estrellas de un tamaño algo más grande que una pokéball.

-¡TOMA ESTA, HIJO DE LA GRAN PUTA!

Juntó sus dos manos, ambas en posición de pistola, uniendo ambas esferas convirtiéndolas en una aún más grande e inestable. Y disparó. Aquella bala, digna de un bazooka, atravesó el espacio entre ambos a una velocidad algo menor que la de las balas pequeñas, pero aun así muy rápida, aunque con una trayectoria más errática. Le dio de lleno.
Pero el brazo de David apenas aguantó el retroceso.
El ruido y el polvo levantado por aquella explosión fueron impactantes. Cuando se hubo posado, la visión que obtuvieron los espectadores fue la de dos figuras de pie, aunque tambaleantes. Del brazo de David se podía entrever un poco de cúbito, y temblaba como un flan tras el esfuerzo. El Mandarín no estaba mucho mejor. Presentaba quemaduras en algunas partes de su torso, ya descubierto definitivamente. Pero de sus ojos salía una rabia digna de un león.

-Verethragna, manifiéstate en mí -expresó el adulto-. ¡VEN A MÍ, CORCEL!

Un aura dorada rodeó al Mandarín haciendo que brillara con gran intensidad. Estaban a punto de ver qué clase de poderes les había concedido el dios persa.

-¡QUE LA LUZ DE TUS PECADOS PASADOS ABRA TUS OJOS A UN MAR DE ARREPENTIMIENTO!

Lanzó un rayo de luz al más puro estilo Dragon Ball hacia el tambaleante chaval. Pero la luz no le empujó, sino que simplemente la luz se reflejó en él, generándole una sombra, como un foco. Pero en David tuvo lugar una visión.
Se encontraba de nuevo en aquella calle, frente a aquel hombre. Y llevaba la pistola en la mano. El hombre le decía que un niño tan pequeño no debía jugar con eso, que no hacía falta usarla, que si necesitaba dinero para comer se lo daría gustosamente. Pero sus nervios le traicionaron y el sonido del disparo le trajo de nuevo al presente, donde su mente se había ausentado un momento.


Se desmayó al instante.

24 ene. 2017

New Generations #013. Balas (parte 1).

-¿En serio este chico va a ser mi contrincante? -no pudo por menos sorprenderse el Mandarín-. Pensaba que esto iba a ser un reto real, que obtener el poder de un dios iba a ser una tarea que exigiese todo de mí, pero ya veo que no…
-Nuestro benefactor no nos envió aquí por la dificultad, sino por su propia curiosidad, Mandarín -le recordó Fisk-, aunque creo que haríamos mal en subestimar a estos muchachos.
-Por favor, Kingpin, va a ser tan aburrido, que creo que voy a hacer algo que hacía tiempo que ni pasaba por mi mente.
En aquel momento, el Mandarín se quitó sus anillos y los guardó dentro de la manga de su amplia túnica, dorada por el efecto del poder del dios persa de la guerra. Era por todos sabido que aquellos ornamentos eran la principal fuente de poder del Mandarín. Con ellos, había sido capaz de vencer al ejército chino sin ayuda. Sin embargo, también era de sobra sabido que él era uno de los mayores expertos en artes marciales del planeta, y que sus poderosas y callosas manos eran capaces de destrozar la armadura de Iron Man con poco esfuerzo. Aquel hombre era una máquina de matar, una con muchos años de experiencia.
Por otra parte, teníamos al pelirrojo David Stone. Poco se sabía del pasado de este ex-pandillero de la Cocina del Infierno, pero subestimarle podía ser un error garrafal.

La infancia del joven Stone no fue la más colorida del mundo. Nacido y criado en el barrio más  peligroso de Nueva York, no era fácil ser hijo de un padre nativo con antecesores irlandeses, llegados a la isla de Ellis como inmigrantes buscando los empleos que se les negaban en ultramar, y de una madre japonesa que llegó de niña al país en plena Guerra de Vietnam, donde todo asiático independientemente de su procedencia era un “Charlie”. Con su característico tono de pelo anaranjado los otros niños del barrio le trataban mal por ser diferente, utilizando motes despectivos como “zanahorio”. Esto provocó rápidamente que su personalidad tornara hacia una timidez bañada en una profunda inseguridad, poco ayudada por su complexión delgada, que le llevaba a ser la mascota del más fuerte intentando así evitar el rechazo. Y como un efecto dominó, poco a poco se fue mezclando con las compañías peligrosas típicas del barrio.
Esta situación no fue a mejor cuando, a los 11 años, su padre ingresó en prisión por tráfico de drogas, y su madre empezó a mermar sus atenciones hacia el pobre muchacho, concentrada en encontrar trabajos de mala muerte para evitar la inanición. Esto le llevó a introducirse en la banda de los Demon Bladers, unos salvajes que atracaban a todo el que podían para gastarse las ganancias en un bar con billar. Sin embargo, a David le trataban como al último mono. Era el más joven del grupo y le utilizaban de cebo para atracar a ancianas, que se paraban a auxiliar a lo que creían que era un niño necesitado.
Pero esta situación no pasó de su adolescencia. A los trece años, durante una de las tardes de billares, empezaron a molestar al pequeño pelirrojo, especialmente Turk, el jefe de la banda. Solían hacerlo, pero esa vez fue diferente. Esa vez no se metieron con su pelo. No se metieron con su delgadez. Esa vez se metieron con su padre. Y David estalló en cólera.
De sus dedos índices empezaron a surgir pequeñas ráfagas de energía, de color negro como el carbón en las zonas más densas y del color blanco más puro en los bordes. Estas impactaron en Turk, empujándolo hacia atrás con una potencia fuera de lo común. Todos se quedaron callados, temerosos de lo que acababan de presenciar. Y en aquel momento, la timidez y las inseguridades del joven Stone se disiparon, dando paso a una mirada decidida acompañada de un rencor que vivía dentro de él desde hacía tiempo, pero le era aún desconocido. Tomó el mando de la banda bajo la amenaza de aquel poder que había surgido de sus falanges.
Muchas cosas cambiaron desde ese momento. David tenía una gran habilidad para la organización y los “negocios”, de manera que en un momento se encontraron extorsionando a diferentes tiendas locales y bares, que les pagaban a cambio de que no destrozaran sus establecimientos. Pese a que “el chico de las balas negras” se volvió, cuanto menos, conocido por la zona, los recién denominados “Bullets” eran una banda que mantenía un perfil bajo, ya que nadie se atrevía a nombrarla y mucho menos a denunciarla. David fue entrenando su nuevo poder poco a poco, así como su cuerpo, que pese a que no conseguía volverse musculoso porque su metabolismo no se lo permitía, se mantenía delgado, pero fibroso, lo que le proporcionaba una agilidad digna de un acróbata circense.
Con el paso de los años acabó absorbiendo a todas las bandas de jóvenes locales, convirtiéndolas a todas en una sola, grande y fuerte, de la cual sólo obtenía beneficios. A los quince años, sin embargo, un hecho en su vida provocó un punto de inflexión en sus actividades ilegales, y ese hecho tenía un nombre: Daredevil.
Daredevil, conocido por su patrullaje de las Cocina del Infierno, suele estar muy ocupado con los temas de “héroe adulto” como para percatarse de los problemas ocasionados por unos niños. Sin embargo, cuando una pobre frutera va a pedir ayuda al Despacho de Nelson & Murdock por sus más que conocidas “relaciones” con Daredevil, el Hombre sin Miedo no tuvo más remedio que investigar el asunto.
Descubrió a la organización “Bullets” con relativa dificultad; nadie soltaba prenda sobre el tema. Pero una vez consiguió que un matón del tres al cuarto hablara, no tardó demasiado en infiltrarse y llegar a David. Aún corren leyendas sobre aquella pelea. Dicen que las acrobacias entre ambos eran dignas de un espectáculo y que las balas oscuras que salían de aquellos dedos eran esquivadas muy por los pelos por parte del héroe carmesí. Pero la realidad fue que, pese a estar en buena forma y tener una puntería sublime, David fue derrotado de forma relativamente fácil por Daredevil.
Pero en vez de presentárselo a las autoridades, el experimentado héroe decidió entrenar a aquel chico lleno de potencial, intentando sacarlo del mundo de sombras en el que se había metido. Entrenaron duramente, pero Daredevil se mudó a San Francisco, y no le quedó más remedio que dejar a su pupilo bajo las manos de Banner, añadiéndole a ese proyecto de jóvenes con poderes que estaban organizando. Lo que el abogado ciego no pudo prever fue el peligro que se cernía sobre la Academia de Superhumanos Robert Reynolds. Pero ahora ya era muy tarde.

-¿Vamos a empezar o qué? -manifestó su impaciencia el pelinaranja.
-Antes de nada vamos a darte tu uniforme -le dijo Pantera Negra.
Durante la primera semana de preparación antes del primer combate contra los Elegidos de Verethragna, nueve de los diez escogidos entre los alumnos pasaron por Lauren Olsen, que era la décima alumna que se iba a enfrentar a ellos, para sus uniformes de batalla en base a sus gustos. Tras esas reuniones les pasaba los diseños a los armeros wakandas de T’Challa, que los reproducían a la vez que los preparaban para el combate, con aleaciones de vibranium complementadas con la tecnología de moléculas inestables de los Cuatro Fantásticos, que también brindaron sus conocimientos a la causa.
En el caso de David, el diseño que había escogido consistía en un conjunto de color negro formado por unos pantalones ajustados y una chaqueta recta, cerrada por delante mediante unos redondos botones dorados, lo que le daba un aspecto muy parecido a los uniformes de los estudiantes japoneses que veía en sus anime favoritos, exhibiendo el orgullo que, pese a las inatenciones de su madre, sentía por sus raíces asiáticas y las artes marciales en las que planeaba volverse experto con el paso de los años.
-También te hemos diseñado este aparato. Póntelo en la oreja y presiona el botón -continuó el monarca.
Así lo hizo, y una pantalla holográfica se desplegó sobre su ojo izquierdo. Se trataba de una interfaz cuyo objetivo era el de ayudarle a apuntar. Indicaba distancias a objetivos y movimientos posibles de los mismos en el tiempo. David torció el gesto, con una expresión aún más huraña de la que solía tener habitualmente. Se giró hacia un árbol que se encontraba detrás de él. Disparó tres veces por su dedo. Consiguió únicamente acertar con el segundo de ellos. Sin dirigir una sola palabra a ninguno de los wakandas que le habían vestido, desactivó el visor, se lo quitó y lo tiró al suelo, aplastándolo con su pie derecho. A continuación, apuntó de nuevo al árbol, cerrando su ojo izquierdo, cosa que le ayudaba a apuntar, y disparó otras tres veces. Acertó las tres, en el mismo punto en el que había impactado el segundo de la tanda anterior, provocando que en ese punto entrara en llamas, unas preciosas llamas azules.
-Creo que estoy preparado.
Y sin más dilación, se dirigió a la zona que se había preparado para las batallas.
-También podía habérnoslo devuelto y punto, cuesta un pico -murmuró uno de los científicos de la corte, una vez se alejó el chico.


La zona de batalla se encontraba a las afueras del campus, en un claro del bosque que protegía al conjunto de edificios destinados a fines didácticos. Se trataba de una zona del tamaño de un campo de fútbol a ojo y en una de sus “bandas” se encontraba un cubículo con forma de caja de zapatos de aspecto cristalino. Se trataba de unas gradas destinadas a la visión clara de los combates que a su vez protegía a los espectadores potenciales de los daños colaterales que puedan ser producidos por ellos. Estas usaban la tecnología de la sala de entrenamientos unida a aquella pantalla cristalina que únicamente dejaba entrar el aire.
Todo estaba preparado para comenzar el duelo. El Mandarín se colocó en un extremo del campo y David en otro.  El alumnado se situó dentro del cubículo. T’Challa y Banner pretendían quedarse fuera de la misma. Flotando detrás de ellos descendió Kingpin.
-Os recomiendo quedaros con vuestros alumnos dentro, Bruce. Ya sabéis que si os inmiscuís destruiremos todo.
T’Challa estaba a punto de decir algo cuando Bruce dio un paso adelante y se encaró con la mole de 200 kilos maestra del crimen organizado.
-Mira, Fisk, como uno solo de mis alumnos no salga de esta ningún poder de ningún dios podrá pararme de ir y sacarte los órganos internos uno a uno con los dientes  mientras sigues consciente. Me he enfrentado antes a dioses y según me han contado, si me vieran por la calle cruzarían la acera sin mirar.
Un brillo verde podía atisbarse en el blanco de los ojos del director. Wilson Fisk no es un hombre que se deje amedrentar, pero no es un idiota.
-No hemos venido a demostrar nuestra obvia superioridad con estos críos, doctor Banner, también estamos siendo obligados a hacer esto, en cierto modo. Pero no venimos a ensañarnos. Yo mismo pondré ese límite a mis compañeros. Ahora métete en las gradas.
Se sostuvieron la mirada unos segundos. Por la espalda de Kingpin una pequeña gota de sudor descendía poco a poco, mientras que la vena en la frente del director se deshinchaba levemente. Este se metió en el graderío junto con el monarca africano.
En el campo, el Mandarín se dirigió a David.
-¿Y bien? ¿A quién me enfrento hoy? ¿Tienes un epíteto por el que pueda referirme a ti en el campo de batalla, mocoso?
El pelirrojo se quedó pensativo un breve instante.
-Dark Bullet. Me llamo Dark Bullet.

15 dic. 2016

New Generations #012. Con el tiempo en los talones (parte 2).

David cayó rendido. El héroe de Hell’s Kitchen le había propinado paliza tras paliza. Aunque ninguna había sido tan brutal como la del día que se conocieron.

>>> Los pandilleros caían como moscas al ritmo de los truenos que ensordecían los cielos de la Cocina del Infierno. David contemplaba desde su asiento privilegiado en la fábrica abandonada que habitaba, con gesto aburrido.
—Panda de inútiles… —murmuró, molesto, cuando cayó el último de sus hombres. El chico se puso en pie, desperezándose, en actitud chulesca—. Vamos, demonio, acabemos con esto.
Apuntó hacia Daredevil con su dedo índice, al tiempo que cerraba un ojo para apuntar mejor.
Hasta la vista, baby —dijo, al tiempo que sentía que su sangre se concentraba en la punta de su dedo índice, y se dispersaba de golpe por todo su cuerpo al tiempo que una bala de energía oscura salía disparada, tan rápida como Mercurio, hacia el Defensor.
Sin embargo, y contra las expectativas del chico, el vigilante atinó a interceptar el proyectil con su bastón.
—Bueno, parece que te crees mejor de lo que eres, ¿no, baby? —sonrió el superhéroe.
—Puto ciego… —blasfemó el más joven de los contendientes.
Y, sin decir algo, el chico se abalanzó contra su adversario, concentrándose en sus dedos. Puso sus manos en forma de pistolas, y disparó a quemarropa contra el hombre de rojo… Pero él los esquivó, de nuevo.
—Detrás de ti —dijo Daredevil.
—Lo sé —sonrió David, socarronamente—, pero gracias por avisar.
Y de la mano que tenía bajada, disparó una de sus balas oscuras directa a la pierna de Murdock.
—Gaah… —se quejó el héroe ante la nueva quemadura en su pierna.
—¿Eso es todo? ¿En serio? —se mofó el chico.
—Sí, eso es todo —dijo Daredevil, para luego situarse ágilmente a la espalda de su contrincante, golpearle en el cuello, y dejarle K.O.


—Y bien, ¿has aprendido algo ya? —le preguntó Matt a su “alumno”.
—Que eres un cabronazo…
El abogado sonrió.
—Eso ya lo sabías. Me refiero a si has aprendido algo útil de cara a los combates que te esperan.
—Bah, ¿qué importa? ¿Crees que no puedo con un villano de tres al cuarto solo porque ahora le han mejorado un poco?
—Te recuerdo que te ha derrotado un minusválido sin poderes.
Vale, eso le sentó mal. David se levantó de un salto, se quitó el polvo de los pantalones, y se dirigió a la salida.
—Ya, bueno, la verdad es que paso.
Cerró de un portazo tras irse. Daredevil no pudo evitar reírse después de eso. Otro tanto para él.


—Entiendo, entonces, literalmente puedes engañar a los sentidos para crear imágenes, olores, sensaciones, etc. —dijo Strange.
—Ajá, es como hacer ilusiones, pero ópticas, auditivas, táctiles, y de todo un poco —confirmó Zane.
—¿Y has probado a combinar sentidos?
—Mmmmm… ¿En qué sentido?
—…
—No era un juego de palabras.
—Entiendo. Pues me refiero a que puedes enlazar tus ilusiones para engañar más de un sentido a la vez.
—No. Ya lo he intentado —replicó el proyecto de mago.
—Sí, lo has intentado, pero lo has intentado mal. Yo te enseñaré a hacerlo bien. —Strange dibujó con magia un círculo en el suelo—. Sitúate ahí, y piensa que estás creando un vórtice, por favor.

—¿Hemos terminado ya, señorita Romanoff?
—No. Sigue.
—Me derrito...
—Si me dieran una moneda por cada hombre que me dice eso…
—Señorita Romanoff, hablo literalmente —respondió Mick algo avergonzado—. ¡Me estoy derritiendo de verdad!
—Lo sé, estaba bromeando para que no se te hiciese tan horrible. Eres una estatua de hielo en una sauna, ¿qué esperabas, pasar frío?
—Aún no entiendo por qué estamos haciendo esto…
—Lástima. Yo sí.
—¿Podría al menos darme una ligera explicación?
—No.
—¿Por qué?
—Soy espía. No damos explicaciones. Nos viene de formación profesional.
—Pero acaba de decirme que es espía…
—…
—…
—Cállate, y sigue intentando no derretirte.
—¿Eso era lo que tenía que hacer?
—Sí.
—Ah.

—¿El malote tiene una morriña? —se medio mofó Claire al ver a David sentado en el pasillo.
—¿Algún problema, puta?
La chica suspiró con resignación mientras su cabello se teñía de blanco.
—¿Alguna vez te he dicho que eres muy soez?
—Unas cuantas.
—Pues si te lo digo es para que te corrijas.
—¿De verdad crees que todo el mundo tiene que adaptarse a tus gustos?
El pelo de la chica se enrojeció un poco por unos segundos, pero pronto volvió al tono albino en el que estaba.
—La verdad, si todo fuese como yo quiero, el mundo sería un lugar mucho mejor. Pero bueno, no siempre puede ser así —sonrió con picardía y autosuficiencia—. Ahora eres tú el que tiene que aprender eso.
Y se fue zarandeando las caderas, dejando a David anonadado y frustrado a partes iguales.


—Bueno, quedan diez minutos…  —musitó Banner.
—Los chicos han estado entrenando todo el día, Bruce —dijo T’Challa—. Pueden con ello.
—De eso no estoy tan seguro —dijo el Castigador —. Aún tienen mucho que aprender, y tal vez M.O.D.O.K. y Sauron no sean especialmente peligrosos, pero hay otros. Abominación, Nitro… y Mandarín.
—No puedo negar que siento cierta curiosidad por qué es lo que se ha fortalecido de ellos exactamente… —comentó el Supervisor.
—Pues, sinceramente, yo preferiría no descubrirlo nunca… —reconoció Banner.
Y, como si de una invocación se tratase, los villanos, con sus ropas doradas, aparecieron en medio del patio, como por arte de magia.
—Traednos a los alumnos —exigió Kingpin, con voz tenue. A pesar de eso, se le escuchó por todo el campus.
En menos de diez minutos, profesores y alumnos se congregaron frente a ellos.
—Bueno, ¿quién quiere ser el que inaugure? —preguntó el señor de Hell’s Kitchen con autosuficiencia —. El resultado será el mismo, a fin y al cabo.
Un incómodo silencio invadió todo. Nadie decía nada, ni se atrevía a dar un paso. Banner se aclaró la voz para tomar la iniciativa, y Peter comenzó a avanzar  pero fueron interrumpidos.
—Voy yo.
Todo el mundo abrió un pasillo alrededor de los diez que habían sido elegidos para combatir a Kingpin y los suyos. En concreto, al que había hablado: el chico de pelo naranja que se acababa de situar al frente.
—He dicho que voy yo —repitió David—. Quiero quitármelo de en medio… Venga, ¿cuál de vosotros va a ser mi contrincante?
—¡No, David! ¡Aún no estás listo! —Amadeus Cho fue a detenerle, pero fue detenido por Daredevil.
—Es su decisión. Déjale.
—Te has vuelto muy transigente, Daredevil… ¿La vida te está afectando?
—Si pudiera te pegaría una paliza yo mismo, Fisk. Pero ya que tus absurdas normas no me lo permiten, me gustaría que al menos fuese mi estudiante quien lo hiciese.
—Créeme, a mí tampoco me gustan estas reglas… Desgraciadamente, no voy a ser yo quien se enfrente al chico. ¿Preparado?
—Sí… —respondió un hombre de alargada cabellera azabache, rasgos orientales, y armadura dorada, al tiempo que se hacía crujir los dedos, adornados con diez anillos.

El Mandarín.

4 nov. 2016

New Generations #012. Con el tiempo en los talones (parte 1).

¿En qué momento había acabado teniendo que hacer equipo con los raritos de la escuela? David no sabía para qué le habían hecho llamar exactamente, pero tal parecía que iban a hacer un show de circo con los estudiantes. Estaban el pesado de su compañero de habitación, el emo silencioso, el pringado que se volvía agua, el bruto de las espadas, la rubia-arma de destrucción masiva, la tía rara que se volvía chico, y el loco de las hachas, entre otros.
Bueno, la verdad era que no todos le caían totalmente mal, pero la inmensa mayoría sí. Lo más interesante era que, curiosamente, estaban en silencio y expectantes por saber qué les diría el Director Gorila Verde. ¿Acaso era él el único que no sabía por qué les habían llamado?
Bueno, sus dudas se aclararían cuando llegasen los profesores.
—Perdonen por hacerlos esperar, alumnos. Ya estamos aquí.
Por la puerta del improvisado nuevo despacho de Banner entraron el rey de Wakanda, Amadeus Cho y el propio director, seguidos de…
—¿¡Qué hace aquí El Castigador!? —se asustó Tyler, que procedió rápidamente a darle su posición a Cassidy —. Qué generoso eres cuando te conviene, hermanito —dijo su contraparte con sarcasmo. Esos “dos” siempre le daban mal rollo.
—Algunos aún no habéis tenido clase con él, pero el señor Frank Castle será vuestro profesor de Educación Física en cursos superiores —explicó Banner.
—Vamos, que os haré correr, sudar, luchar y sangrar en cantidades asgardianas durante dos horas semanales —el fornido hombre sonrió siniestramente—. Seguro que nos lo pasaremos genial.
—Independientemente de eso —continuó Cho—, estáis aquí, como ya supondréis, porque habéis sido seleccionados para enfrentaros al nuevo ejército de Kingpin según las reglas que nos han exigido. Lamentamos mucho que tengáis que ser vosotros quienes os enfrentéis a villanos como esos, pero no nos queda otro remedio. A fin y al cabo, es eso, o condenar a muerte a todos los estudiantes…
—Disculpadnos por nuestra inutilidad —completó la frase T’Challa.
David sintió que iba a vomitar de la risa. Ver a un rey como supuestamente era Pantera Negra pedir disculpas a unos estudiantes era una situación absurda y divertida a partes iguales.
—¿Y si nos decís a quién tenemos que derrotar, y punto?
—Le veo impaciente, señor Stone —dijo Banner—. Me temo que una buena explicación requiere su tiempo, así que haga el favor de contener su sed de sangre.
Tras esto, el a veces hombre a veces monstruo explicó con todo lujo de detalles las condiciones en las que debían enfrentarse a Kingpin y los otros villanos. Les dijeron también que deberían realizar un entrenamiento intensivo.
—Sin embargo, tengamos en cuenta que la primera batalla será ya la próxima noche, por lo que no tendremos mucho tiempo para prepararnos. Les he asignado a cada uno de ustedes un tutor personal en base a sus habilidades, y dedicarán todo el día de mañana a entrenarse. ¿Lo han entendido?
—Sí —dijo Chris.
—Yep —confirmó Zane.
El resto se limitó a asentir.
—Entonces, retírense a sus habitaciones e intenten dormir. La de mañana será una larga jornada.


—¿En serio? ¿Usted?
—Sí. Yo. ¿No te valgo como maestro, chico?
—Sí, sí, si es genial, pero… No me lo esperaba.
—Bueno, soy un hombre ocupado, comprendo que pensases que no tengo tiempo para estas cosas, pero me temo que la situación es lo suficientemente urgente para que se requiera mi ayuda.
—No es eso… Es decir, usted es el mago más poderoso del mundo, ¿no? Señor Strange.
Stephen se cruzó de brazos y acarició su barbilla.
—Bueno, Zane, ser el Hechicero Supremo me convierte, técnicamente, en el mago más poderoso, sí. Pero bueno, los hay más habilidosos, a mi forma de ver.
Zane estaba impresionado. Hacía mucho que no se sentía tan emocionado. Stephen Strange era un hombre al que respetaba profundamente. El detalle de que sentía mucha curiosidad también podía tener algo que ver.
—Entonces… ¿Me va a enseñar hechizos? ¿Maldiciones? ¿Encantamientos?
—No tengo tiempo para enseñarte los secretos de la magia, chiquillo. Te recuerdo que podrías estar luchando en menos de doce horas. En su lugar, te voy a enseñar a canalizar tu poder.
—Pero, no es por ser descortés, pero… Ya controlo mis poderes a la perfección…
—No hablo de controlarlos. Hablo de canalizarlos. Que no es lo mismo. Tu poder es increíble similar en estructura a la magia que practicamos los hechiceros. Así que puedo enseñarte a utilizarlo de forma similar.
—¿Entonces sí me vas a enseñar magia?
—Digamos que… Algo parecido. Tan solo hazme caso, concéntrate, e imagínate una cuerda naciendo en tus manos.



—Parece que me han asignado uno difícil.
—Ehm… Bueno, yo…
—¿Qué? ¿Te doy miedo, chico?
—Bueno…
Mick no sabía cómo reaccionar ante la idea de tener a la Viuda Negra como profesora.
—Escucha, Michael. Tus poderes son muy útiles, pero eres demasiado inocente para desenvolverte bien en una batalla contra un villano. Esos tipos son astutos, tramposos e inteligentes, y si te pueden clavar un cuchillo por la espalda, les parecerá, sin lugar a dudas, una mejor opción que atacarte de frente.
—Pero… No pueden clavarme un cuchillo en la espalda, soy líquido.
La Viuda suspiró profundamente.
—Era una metáfora. Ya sé que no te pueden cortar, arañar, desgarrar, desmembrar ni mutilar. Pero ellos no lo saben, y es mejor que siga siendo así. ¿Entiendes a qué me refiero?
—Sí…
—Bien, comencemos entonces tu entrenamiento para ser un buen espía.


Las espadas chocaban sin descanso en la sala de entrenamiento del Supervisor.
—¡Hoy te veo motivado, Gonzales! ¿Con ganas de una buena batalla?
Saltaron chispas al cruzarse los aceros.
—Debo luchar para protegerles a todos —respondió el chico con el ceño fruncido.
Masters se detuvo.
—Estás demasiado tenso. Debes mantener la calma durante la batalla.
—¿Van a matarnos a todos y quieres que esté calmado?
—Se llama “entereza en combate”, chico. Si no mantienes tu mente fría, nunca vencerás a un oponente fuerte. Cuando luchas, literalmente te vuelves loco. Lo sé porque la misma furia se apodera de mí al imitar tus movimientos.
—¿Y eso es malo?
—Es bueno cuando eres superior, pero si tu enemigo es mejor que tú… Reduce aún más tus posibilidades de victoria. Desgraciadamente, mi especialidad es copiar, así que me temo que no podré enseñarte correctamente a vaciar tu mente. Para eso necesitas la ayuda de un esgrimista de verdad. He solicitado al director que traigan a un viejo conocido mío. Con un poco de suerte, igual no eres el primero en salir a morir, y puede darte alguna lección. Hasta entonces…
Supervisor desenvainó su arma de nuevo, al tiempo que Peter extraía un mandoble de su plexo solar. Ambos, maestro y alumno, se abalanzaron el uno contra el otro sin vacilar.


David ingresó en la que se suponía que iba a ser su sala de entrenamiento.
—Y, bueno, ¿dónde se supone que está mi entrenador?
—Deberías revisarte la vista, Stone. Estoy justo detrás de ti.
Alarmado, David se dio media vuelta rápidamente, solo para encontrarse con un puño rojo a punto de impactar contra su cara. El pelinaranja se apresuró para cubrirse con un brazo… El puñetazo le dio de lleno.
Cayó al suelo, aturdido por el certero golpe, y solo atinó a mirar hacia arriba. No tardó en recuperarse.
—Reconocería esa voz tuya en cualquier parte. ¿Qué haces aquí?
—Soy tu entrenador.
—¡Ja! ¿Tú? No necesito nada de ti… Daredevil.


15 oct. 2016

New Generations #011. Verethragna (parte 2).

T’Challa golpeó con su puño la mesa de la sala de profesores con tal fuerza que provocó una ligera quebradura en la madera.
–¿¿Cómo se atreven a venir a mi territorio esa copia barata de caballeros del Zodíaco y a amenazar a mis alumnos?? –exclamó el recién dueño de la escuela.
–En primer lugar, Su Majestad, creo que deberíamos calmarnos –dijo Amadeus Cho, analizando mentalmente su situación con su asombroso intelecto, degradado al rol de profesor de matemáticas en el espacio estudiantil.
–¿Hay alguna manera que se os ocurra de eludir la confrontación por parte de los alumnos? –comentó el director Banner, ya de vuelta en su forma más amistosa.
–Me temo que no, Bruce –dijo Reed Richards, líder de los Cuatro Fantásticos, e invitado a aquella urgente reunión–. He analizado cada fotograma de las grabaciones y al detalle las lecturas recogidas por los robots de Stark que se acercaron mínimamente a ellos y son imparables en grupo. Pero, teniendo en cuenta la voz de Kingpin podemos determinar que no mentía al poner las normas, así que estoy un 94% seguro de que no van a hacer trampa en ese aspecto. Y de igual manera cumplirán sus amenazas si no las seguimos. Creo que no nos queda otra que seguirles el juego y entrenar a los chavales lo mejor que podamos.
–Ya veo… Y yo que creía que con el tema de las Incursiones ya teníamos bastantes problemas –continuó Patera Negra–. Pues tenemos que empezar pero ya a entrenarlos específicamente. Y lo primero es escoger a los diez alumnos y alumnas que mayor potencia tengan a la hora de combatir. Castle, tú eres el que más les ha probado en la clase de Educación Física Aplicada, probando sus habilidades especiales. ¿Alguna idea?
El Castigador, receptor de esta pregunta, mantuvo su semblante impasible y sus brazos cruzados sobre su pecho, decorado con la ya icónica calavera blanca, considerada por muchos símbolo de mal augurio.
–Tengo algunos candidatos en mente, sí.
–Pues tú y yo vamos a escogerlos en un momento –dijo Amadeus, en pie frente a la pantalla holográfica con unos cuantos perfiles de alumnos. Se giró hacia Frank Castle–. Tengo algunos candidatos también que… –el Castigador le dedicaba una de sus miradas más bordes– Bueno, a ver, si tú estás de acuerdo, claro. Je –añadió con nerviosismo.
–Supongo que trabajaremos juntos, niño –se resignó finalmente el de la calavera.
–Me sorprende que Stark no se haya llevado sus robots con él –dijo Natasha, la Viuda Negra–. Es muy de recuperar sus juguetes.
–Conozco a Tony desde hace mucho tiempo, Natasha –le respondió Steve Rogers, el Capitán América original, ahora convertido en un septuagenario–. Aunque ahora esté pasando por un… Llamémoslo periodo extraño, en el fondo sigue preocupándose por este proyecto y por lo s alumnos. Bruce y yo llegamos a la conclusión de que además obtiene información a través de ellos, pero decidimos que no nos preocupa demasiado las lecturas que pueda recibir.
La mujer en el traje de cuero negro se quedó pensativa ante la respuesta del centinela de la Libertad
–¿Y qué me dices del chaval que entrenas tú, Supervisor? –continuó T’Challa con su ronda de preguntas, a modo de cambio de tema.
–Aún tiene mucho que aprender de sí mismo y sobre cómo controlarse, pero sin duda es una máquina de combate con patas. Puede servir.
–Me alegra oír eso, supongo que si es bueno para ti, dará la talla en la arena… Sigamos seleccionando…



–Vaya miedo he pasado –suspiró Aline–. Se van a enterar esos abusones, les vamos a dar hasta que muerdan el polvo.
Zane puso los ojos en blanco.
–Sólo alguien como tú es capaz de denominar como “abusones” a unos de los mayores villanos de la Tierra.
–Bueno, no es hora de ponernos a pelearnos entre nosotros. Prefiero que hablemos de qué vamos a hacer con esta situación –dijo Zack–, ya que es probable que ahora mismo estén seleccionando los profesores a los alumnos más preparados, ya que desde aquí les veo reunidos, con todas sus auras en aquel edificio de allí. Son tan fuertes que las veo traslúcidas a través de la pared. Y lo más probable es que nos toque pelear a alguno de nosotros. Y tenemos que pensar cual será nuestra postura ante esta situación. Tenemos que estar unidos y apoyarnos los unos a los otros.
–No veo demasiada complejidad –respondió Peter–. Ellos vienen. Les pateamos el culo. Fin.
–Hasta tu y yo sabemos que no será así de sencillo, Cuchillos –contestó Zane–. No va a ser sólo fuerza bruta contra ellos.
El mexicano soltó un bufido a modo de respuesta.
–Yo voy a pelear. He venido a esta ciudad por un largo camino precisamente para aprender a proteger lo que me importa. Y no veo mejor forma de empezar que por los más duros –concluyó.
–Pues yo lucharé si no queda otra –dijo Amanda–. No quiero que pase lo de la última vez y os haga daño sin querer.
–También piensa que si toda esa fuerza le da a uno de esos abusones les dejarás por los suelos –dijo Aline.
–Bueno… supongo, pero tengo miedo de mí misma.
–Es normal, no sabes lo que puede pasar, pero como dijo Zack, tenemos que apoyarnos entre todos –añadió Mick­–. Todos sabíamos que con nuestros “dones” vendrían situaciones como estas, para bien o para mal. Y lo que nos hará héroes no es que les destrocemos o les detengamos, sino cuál es nuestra actitud ante ellos. Ante todo, tenemos que demostrarles que somos moralmente mejores, que pelearemos por un objetivo común: el bienestar de todos. Y no por algún motivo egoísta o puramente material. Y eso es con lo que tenemos que golpearles.
Todos se quedaron en silencio reflexionando sobre las palabras de Mick, había dicho cosas muy importantes y merecían un gran respeto.
Sin embargo, Ryan rompió la atmósfera terminando con aquella quietud.
–“Dones”… O más bien maldiciones.



La noche había caído sobre aquel día oscuro. Se trataba de un punto de inflexión dentro de la vida de nuestro alumnado. Se enfrentarían con seguridad a numerosos peligros después de aquellos, pero lo primero era sobrevivir a lo más inmediato. Se trataba de su primer peligro real, la primera experiencia que les podría a prueba, no como héroes o villanos, sino como personas intentando sobrevivir. Y si no lo conseguían, las consecuencias serían nefastas no sólo para la Academia Robert Reynolds: si esa gentuza se quedaba con los poderes que ahora esgrimían podrían poner el mundo a sus pies sin tener problema alguno ni rival.
Nuestros protagonistas dormían plácidamente. Rondaban las tres y media de la mañana y la luna se encontraba alta en el cielo, en cuarto creciente, formando una “C” invertida blanca con toques agrisados que, pese a dejar atisbar sus cráteres, no hacía más que intensificar la belleza de aquel paisaje casi onírico que formaba la visión del satélite sobre los árboles del bosque que rodeaba a la escuela. Si entráramos en la habitación que Zane Cross compartía con su arisco compañero David Stone, especializado en disparar energía de color negro de sus dedos como si de balas oscuras en una pistola de carne se trataran, encontraríamos a ambos durmiendo. Zane incluso emitía leves ronquidos, no lo suficientemente audibles como para despertar a su pelirrojo compañero. Sin embargo, el lugar en el que realmente se encontraba Zane era un banco de madera en la zona limítrofe del recinto, que, pese a parecer vacío, se encontraba ocupado por nuestro pelimarrón de ojos verde oliva favorito. En su cama no había otra cosa que una ilusión creada por sí mismo para poder saltarse el toque de queda (de la misma manera que había proyectado una ilusión de invisibilidad a su alrededor) en aras de disfrutar de aquella visión lunar, que podría haber sido perfectamente extraída de cualquier libro de fantasía, al menos desde su subjetiva visión de la belleza.
»Es una pena que la luna en la realidad no sea como nos la pintan en las películas. En ella nos la pintan como gigantesca, muy cerca de la Tierra. Y, sin embargo, no es más que un puntito en el cielo, tan cerca pero tan lejos al mismo tiempo.
Pero sus pensamientos se vieron nublados cuando, sin apenas darse cuenta, una figura se sentó a su lado en el banco. No se trataba de otro que del sigiloso viejo rey de Wakanda, ahora rey de Necrópolis.
–Cada noche, señor Cross, se escabulle de su habitación para venir aquí, a mirar la luna rodeado de este frío nocturno. Es un comportamiento cuanto menos extraño en una persona tan joven.
Zane, sintiéndose ya descubierto, eliminó su invisibilidad para hablar cara a cara con él. De la misma manera, Pantera se quitó su máscara para mostrarle respeto al chico.
–¿Estoy metido en un lío?
–Chico, el director está al corriente de estas “escapadas” desde el primer día de clase. Si estuvieras en un lío, ¿no crees que lo estarías desde antes?
–Bueno, supongo que sí. Pero, ¿por qué no ha hecho nada al respecto el director Banner?
–Bueno, no haces más que venir a ver la luna durante una hora. Nadie sale herido y no vas a molestar a la residencia de las chicas como me imagino que otros compañeros harían. Así que lo dejó pasar, de la misma manera que habría hacho yo. Sin embargo te tiene controlado mediante un robot escondido por aquí para saber que estás bien. Vas a tener que engañar a un detector de calor si quieres mejorar en esto del sigilo, te lo digo por experiencia. Aunque te ruego que no lo hagas en estas escapadas, no queremos que de la casualidad de que te pase algo malo justo cuando no podemos ver qué.
–Comprendo… ¿Majestad? ¿Pantera? ¿Cómo se supone que me dirijo a usted?
–Con T’Challa es más que suficiente. Y puedes tutearme.
–Muy bien, T’Challa. ¿Y qué te trae a mi banco esta noche en particular?
–Bueno, ya viste lo ocurrido esta mañana. Necesitamos a diez alumnos para la lucha. Y ahora les estamos despertando para explicarles la situación y cómo van a funcionar estas siete semanas siguientes. Y, bueno, no estabas en tu habitación.
–Me temía que tendría que luchar –dijo Zane soltando un suspiro.
–Evidentemente, los que no quieran luchar no están obligados, pero estás en ese Top 10 y necesitaríamos tu ayuda. Pero podemos pasar al número once de la lista.
Zane, le dedicó un último vistazo a la luna antes de ponerse en pie y sacudirse los restos de suciedad que la superficie del banco había pegado a su trasero.

–No suspiro por no querer luchar, T’Challa. Suspiro porque siete semanas se pasan volando.

1 oct. 2016

New Generations #011. Verethragna (parte 1).

De lo que hasta ahora había sido el despacho del director Banner sólo quedaban unas pocas migajas y algo parecido a un suelo. Poco más se podía decir de los pisos inmediatamente inferior y superior. La explosión lo había dejado todo destruido y al Doctor Banner tirado en el suelo, en medio de la plaza central del campus que estaba mirando a través de su ventana hace escasos segundos. Justo antes de que todo se fuera de madre.

Nuestros protagonistas llegaron a la escena lo más rápido que pudieron, dejando sus batidos en la mesa tras de sí. Una vez en el foco de la actividad, se les unieron Percy y Jacqueline, las dos últimas incorporaciones del grupo. Vieron como Bruce se estaba transformando en la gran masa de radiación verde que tanto respetaban y temían a partes iguales mientras, al elevar la vista al cielo observaban la causa de todo aquel revuelo.

Y lo que ocurría era que diez figuras se encontraban flotando a la altura de la explosión. No se podían atisbar sus identidades debido a la humareda que se había formado con los restos del edificio que aún flotaban en el aire, pero rápidamente la gravedad ejerció su efecto haciendo que se posara aquel elemento dramático completamente involuntario.

Y lo que vieron les dejó sin aliento.

Todos eran villanos conocidos no, lo siguiente.
Se trataba nada menos que de Abominación (viejo enemigo del director), Sauron (un pterodáctilo humano némesis recurrente de los X-men), Mandarín (un viejo conocido de Iron man), Bullseye (el hombre con mejor puntería con permiso de Ojo de Halcón), Arnim Zola (una especie de hombre televisor que dio problemas al Capitán América), El Mago (no precisamente amigo de los 4F), Kraven (que intentó cazar a Spider-man en repetidas ocasiones), M.O.D.O.K. (es todo cabeza y toda ella pretende ser el amo del planeta), Nitro (desencadenante de la Guerra Civil de los superhéroes), y en su centro, a modo de líder se encontraba Kingpin (rey del HAMPA de la ciudad de Nueva York). De los hombros y cabeza de Nitro salía humo, lo cual llevaba a la conclusión de que él había sido el causante de la explosión, teniendo en cuenta sus poderes.

–Pero… ¡Qué yo sepa la mayoría de esos tipos no vuelan! ¿Cómo es posible que estén ahí arriba? –dijo Mick, conocedor de la mayoría de la gente del mundo heroico y villanesco.

–Fijate otra vez en ellos… –añadió Peter.

Mick echó la vista al cielo de nuevo y se dio cuenta de lo que decía su compañero. Todos estaban distintos, desde de forma ligera como Kingpin, que tenía un aura dorada a su alrededor y su bastón era del mismo color hasta Arnim Zola, que era literalmente una armadura dorada y descabezada, con dos cuernos como de macho cabrío en la parte superior, pero siempre con la sempiterna pantalla con su cara en pleno pecho. Estaba claro que eran una amenaza a tener en cuenta, especialmente al observar a Abominación, ataviado con unas hombreras del color dorado que parecía caracterizar a todo aquel variado grupo, un cubrebrazos del mismo estilo que el de Amanda en el brazo derecho y un espadón del mismo color casi tan alto como él.
Un montón de los robots que se encontraban por los pasillos del campus ahora se habían colocado delante de los intrusos rodeándolos contra el edificio.

Modo ofensivo: ACTIVADO.

Y acto seguido, los droides empezaron a disparar con repulsores a los visitantes. Sin embargo, los rayos eran desviados en cuanto entraban en contacto con ellos.

Posibilidad de herir al alumnado. ALTO EL FUEGO.

Y el barullo terminó. Sin embargo, los robots se mantenían en sus posiciones. Aunque esto duró bastante poco. Abominación los cortó a todos por la mitad de un mandoble y cayeron estrepitosamente al suelo. Debajo de donde pasaba toda la acción ya se encontraba el director Banner en su forma Hulk, Pantera Negra (el recientemente dueño de la escuela), Gambito, Amadeus Cho, Steve Rogers (parando su clase de historia de América), la Viuda Negra (profesora de Latín), el Castigador (contratado para enseñar Educación física) y Curt Connors, el Lagarto y profesor de biología.
Nitro se acercó a Kingpin con algo en la mano.

–Aquí tiene, jefe. Lo encontré en el despacho antes de volarlo por los aires, pensé que lo necesitaría.

Y le entregó un megáfono. Kingpin sonrió a la par que se lo acercaba con sus enormes manos a la cara.

­–Antes de nada, he de decirle a los profesores de esta especie de… centro de reclutamiento que se relajen antes de que alguien salga herido antes de tiempo –comenzó el enorme mafioso, embutido en su característica americana blanca. Como podéis observar, hemos sido objeto de ciertas… mejoras, por así decirlo. Y cuando estamos todos juntos somos invencibles, así que ni lo intenten, antes de que alguna de estas jóvenes promesas acabe bajo los escombros de alguno de estos preciosos edificios. Sé que hasta la caída de la Tierra de las Sombras en la Cocina del Infierno a manos de ese insufrible arácnido no había pruebas concluyentes de mi relación con el mundo del crimen, aunque era un secreto a voces. Fingí mi muerte y hui a Europa. Pero he regresado. Y traigo buenas nuevas.

El Rey del HAMPA descendió al nivel del suelo, lo cual no era propio de él, teniendo en cuenta su complejo continuo de superioridad. Superioridad justificada, ya que pocos habían conseguido lo que él en la historia. Estaba claro que quería darle a lo que tenía que decir la importancia que merecía.

–Como iba diciendo, mis socios y yo tenemos habilidades nuevas. Y estamos aquí para explicaros el porqué de nuestra presencia aquí. Una entidad se puso en contacto con cada uno de nosotros y nos reunió. Se presentó como Verethragna, que según mis investigaciones posteriores es el Dios persa de la Guerra, también llamado el Victorioso. En un comienzo me rehusé a creer que de verdad estábamos tratando con una divinidad, pero el trato que nos propuso después me sacó de dudas. Al parecer, este ente lleva observando esta escuela desde que se fundó y se puso en funcionamiento. Y parece que, según él, se entretiene al ver como vosotros, guerreros potenciales, exploráis vuestras habilidades. El trato que nos propuso es que nos daría uno de sus diez poderes a cada uno de nosotros, haciéndonos mejores en el campo de batalla, y tendríamos que venir aquí a retaros a pelear bajo sus normas. Y estas son las reglas que regirán la pelea. De entre todos los alumnos, tendréis que escoger a diez. Los mejores, los más preparados, fuertes y habilidosos. Y tendrán que enfrentarse a nosotros de uno en uno, dándoos una posibilidad de vencernos al estar separados. Si conseguimos vencer al menos a seis de vosotros, Verethragna nos regalará estos dones para siempre, convirtiéndonos en semidioses. Vendrá uno de nosotros cada semana a partir de hoy para probar al contrincante que vosotros escojáis. Si un profesor se mete en la batalla, destrozamos la escuela. Si se viola cualquiera de las normas que os acabo de decir, destrozamos la escuela. Si os negáis a participar… Bueno, captáis la idea. Nos vemos la semana que viene.


Y tal como vinieron, se fueron.

15 sept. 2016

New Generations #010. De nombres va la cosa (parte 2)

La situación era muy incómoda para Lauren. Una mujer wakandiana tomaba sus medidas con una cinta métrica, método algo anticuado para el país con la tecnología más avanzada del mundo.
—¿Podría pasar a la sala de al lado para que hagamos un reconocimiento de sus habilidades, señorita?
—¿Por qué tanta complicación para unos trajes de entrenamiento?
—Como el director Banner dijo la semana pasada en el salón de actos, es necesario hacer trajes que se adapten a vuestros cuerpos y necesidades, para potenciar al máximo posible vuestra capacidad. Todo es por el bien de vuestro progreso en la academia.
—Si vosotros lo decís… —se resignó ella.




—¿Qué está pasando aquí? —se quejó Charlie— ¿Podéis dejar de sobarme, por favor?
—Tranquilícese, señor Pierce. Tan solo estamos tomando sus medidas físicas para diseñarle un traje que se ajuste perfectamente a usted.
—¡Me vuelvo intangible! ¡Con mi ropa normal me basto y me sobro!
—¿Y si te ves forzado a salir del cuerpo que estés poseyendo y todo el mundo te ve desnudo? —se rió Zane—. ¿No sería eso más vergonzoso?
No hizo falta insistir mucho para que el rubio se quedase quieto y permitiese operar a los wakandianos.




Tras media hora de espera, les dijeron que podían irse, y se reunieron todos en la cafetería.
—Por el amor de Dios… Eso ha sido raro —protestó Aline al tiempo que le daba un respingo.
—Y que lo digáis, ha sido muy vergonzoso… —dijo Amanda avergonzada mientras Mick le frotaba la espalda para reconfortarla.
—Vamos, chicas, no creo que haya sido para tanto… —trató de tranquilizarlas Jacqueline.
—Sinceramente, a mí hay algo que me preocupa más —comentó Zane.
—Sí, a mí también… —concordó Peter.
—Es una cuestión interesante de debatir, sin duda —añadió Zack.
—¿Cuáles son vuestras medidas? —preguntó Charlie, pero se vio obligado a callarse después de que los otros tres le golpearan la cabeza al ritmo de “¡No nos referíamos a eso!”
—Ejem —continuó Zack tras aclararse la garganta—. Nuestra pregunta real es…
—¿Cómo ha llegado este aquí? —preguntaron los tres a coro al tiempo que señalaban a la inmensa masa pseudo humana de nieve que estaba sentada con ellos en la mesa de la cafetería.
El ser ni se inmutó, por cierto.
—Ni idea —respondió Mick—. Cuando me di cuenta, ya estaba ahí.
—Si queréis nos vamos —dijo una voz de detrás del monstruo.
—¿Eh? ¿Quién ha dicho eso? —preguntó Charlie mientras daba saltos en su asiento para mirar.
—Estoy aquí —le respondió la voz al tiempo que su dueño se ponía en pie para que pudieran verle —. Soy David Stone. Recordad el nombre, pero no lo gastéis. Comparto habitación con ese rarito de ahí —dijo señalando a Zane.
—Oh, vamos, David. Señalar a la gente con el dedo es de muy mala educación. Especialmente viniendo de ti. Además, ya te conocen, lo que les extraña es que estés comiendo con nosotros.
—Bueno, los otros idiotas me están resultando molestos últimamente. El único que se salva es Ngozi, ¿a que sí, grandullón?
El pelirrojo golpeó la espalda del monstruo, pero la criatura ni siquiera reaccionó.
—La cosa es que comeremos aquí por un par de días, ¿vale, pringados? Ngozi dijo que quería venir con vosotros.
El gigante siguió sin reaccionar.
—Ehm… ¿De acuerdo? —dijo Zack.
—¡Daaaaaviiiiid! ¿¡Dónde estás!?
Zane se golpeó la cabeza contra la mesa al escuchar la voz de Claire llamando a su compañero.
—Y ahora la gorgona se cree una sirena… ¿Por qué tiene que ser tan irritante incluso para hablar?
—¡Te he oído, Cross!
—¡Lo sé!
La chica del cabello transformable se acercó a su mesa acompañada de su séquito.
—¿Qué os pasa? ¿Ahora nos vendéis por estos?                                                       
—Yo no vendo a nadie. Voy con quien quiero y cuando quiero. ¿O es que ahora eres mi jefa? —el desafió el chico.
El pelo de la joven pasó de un azul marino similar al mar tormentoso a un rojo fuego que solo reflejaba ira e indignación. No obstante, respiró hondo y trató de calmarse.
—Está bien… David, ¿podrías venir con nosotros un momento? ¿Por favor?
A pesar de la cortesía en sus palabras, el color de su pelo reflejaba su estado de ánimo real a la perfección. El aludido se encogió de hombros y, levantándose del banco, siguió a la chica.
—Ven, Ngozi. Podéis terminaros mi almuerzo si queréis, pringados. Ya no quiero más.
Tras decir eso, todos ellos se retiraron de la cafetería.
—No sé si darle las gracias o pegarle —dijo Zack mientras tomaba la manzana de su bandeja.
—¿Y si hacemos las dos? —propuso Aline mientras se terminaba su plato de arroz.
—O podemos dejarles en paz, dan algo de miedo… —opinó Charlie, mientras tomaba tímidamente el yogur de David.
—¡Ja! ¿Te dan miedo unos cuantos abusones y vas a ser superhéroe? —se mofó ligeramente Zack.
—¡Eh! ¡Cuando yo sea el gran Fantasma Dorado, nadie podrá derrotarme!
—¿¡FANTASMA DORADO!? JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA —Zane empezó a reírse desconsoladamente —¿No tenías un nombre más cutre?
—¿Hombre Intangible?
—Demasiado obvio.
—¿Phantom?
—Muy mainstream.
—¿Ozymandias?
—Muy DC.
—¿Cuarta pared?
—He pillado la indirecta. Y no.
—¿Booster?
—Ese ya suena mejor —opinó Zack—. ¿Nunca habéis sentido curiosidad sobre cómo os llamará la gente cuando seáis superhéroes?
—¿Y si no vamos a volvernos superhéroes? —preguntó Ryan cortantemente—. Yo solo quiero controlarlo.
—No hay nadie con superpoderes que no se haya ganado alguna vez un sobrenombre. Ya sea como héroe, como villano, o como persona que recibe bullying en el instituto —comentó Lauren entre risas—. Vamos a tener uno en algún momento, vale más que sea algo que nos guste.
—¿Cuál te pondrías tú, Lauren? —preguntó Amanda.
—Acuarela. No sé, me gusta. Me parece que tiene estilo.
—Te pega —comentó Zack—. Yo siempre quise llamarme Mind-Meister.
—¿No hubo ya alguien con ese nombre? —preguntó Mick.
—Mind Master sí, muchos, pero no Meister. Meister es “maestro” en alemán, pero también implica ser el “campeón” o el “primero”. Engloba más campos.
—Guau… —se impresionó Zane—. Tus delirios de grandeza van más allá de lo que creía.
—Ja. Ja. Ja. ¿Tú cómo piensas llamarte, Cross?
—As de Picas —respondió con tranquilidad, al tiempo que se sacaba la susodicha carta de la nada—. Era el sobrenombre que utilizaba mi maestro.
—¿Maestro? —preguntó Mick.
—Larga historia. ¿Tú cómo piensas llamarte, rubio? Porque Hydroman ya está cogido.
—Dragonet… Es un pez muy exótico. Y suena bien.
—Tiene estilo, no te lo niego. ¿Aline?
—Mordaza —respondió la pecosa con orgullo—. ¿Qué, a que os he dejado con la boca abierta?
—No sé qué es peor, si el nombre, o el chiste —comentó Zack entre risas—. ¿Tú qué nombre querrías, Amanda?
La rubia se encogió de hombros, avergonzada.
—La verdad es que no lo he pensado…
—¡Sunbeam! —gritó su mejor amiga—. ¿No le quedaría genial?
—Sí… —musitó Mick.
—Adjudicado, entonces —rió Zack—. Venga, Peter, es tu turno. ¿Cuál te ponemos…?
Sin embargo, cuando vio a Peter, la alegría abandonó el corazón de Zack. El chico estaba dejando salir filos de todas sus articulaciones, y miraba a todas partes con desconfianza.
—Chicos. Algo se acerca.
Y en efecto, así era, pues escasos segundos después de que el pelinegro  pronunciase esas palabras, un ensordecedor estallido retumbó por todas partes.

Algo acababa de hacer explotar la academia.